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Las Experiencias |
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[ Página 1 de 2 ] Al hombre, desde el inicio de los tiempos, siempre le ha fascinado conocer lo que ocurre después de la muerte. Este hecho ha marcado la vida de muchos, e incluso hay quien asegura haber contactado con el espíritu de las personas que han abandonado nuestro mundo material. Pero lo que me trae a exponer la historia, que voy a relatar a continuación, no es la existencia después de esta vida, sino las experiencias de tipo extrasensorial, que experimentan las personas, justo antes de fallecer, y por tanto, de abandonar el cuerpo definitivamente. Estas experiencias, no siempre son conocidas por las personas ajenas a ellas, ya que pertenecen a quienes van a traspasar el umbral de la muerte, ¿o debería decir, de esta vida a otra forma de vida?, pero en algunos casos, estas experiencias son compartidas, en el momento del óbito, por las personas que rodean y acompañan a la persona que va ha fallecer, y, es en estos casos, a los que me voy referir, ya que no se trata de algo que nos cuentan las personas que han "regresado", también conocidas como E.C.M. (experiencias cercanas a la muerte), sino de lo que podemos observar , ver y oír, los que nos quedamos en este lado. Para ilustrar este fenómeno, he recopilado los datos e información, correspondiente a una niña de 7 años de edad, Anita era su nombre. Esta historia llegó hasta mí de primera mano, por lo que no tengo la menor duda de su autenticidad. Anita era una niña alegre, agradable y cariñosa, y la terrible enfermedad que la acechaba -Sarcoma- , apenas dejaba entrever la gravedad de la misma. Así, llegó un momento en que la ignominiosa enfermedad hizo su aparición , atacando con toda su furia la salud de la pequeña niña, primero fue la pierna, donde apareció el terrible cáncer óseo, para posteriormente, en lo que tarda en nacer una hermosa mariposa de su crisálida, manifestarse la temida metástasis (expansión del tumor). ![]() De esta forma, sin darle tiempo a conocer una mínima parte de las maravillas de la vida, esta le fue denegada. No había conocido apenas nada, nada sabia de creencias, no entendía lo que significaba la palabra religión, ni siquiera había sido testigo de ninguna muerte. Apenas había abierto los ojos a la vida, cuando la vida se los cerró. Llegó el momento en que ya no podía bajar a jugar con sus amiguitas, el dolor era muy fuerte, y la morfina hizo su aparición, aunque sus efectos ya nada podían remediar. Así, quedó postrada en su camita, a la espera de algo, que ella no era capaz de entender. Y llegó el momento fatídico........ El instinto de una madre sabe muchas cosas, y aquella madre sentía como lo más querido de su alma, se le estaba marchando para siempre. Hubiese dado su vida y todas las siguientes, por evitar lo que estaba a punto de suceder. Haciendo acopio de todas las fuerzas de que fue posible, la madre, conteniendo las lágrimas y procurando un tono de voz alegre (algo que le arrancaba el corazón a tiras), le respondió: Es mejor así, hija mía.........así podrás descansar mejor...... Se les saltaban las lágrimas de tanto dolor, aquella situación era insostenible, pero tenían que ser fuertes y así la vecina y amiga, intentó avalar lo que la madre acababa de decir. Si, Anita..... hija, tu madre tiene razón....., ahora cuando estés más descansada la volverá a encender....... Se quedaron calladas......inmóviles, apenas aguantando la respiración........ El resto de personas que estaban en la estancia, no fueron capaces de soportar tanto dolor, y salieron a desahogarse llorando y buscando una explicación divina. No había transcurrido más de una media hora, cuando Anita llama a su madre y le dice con gritos de alegría:
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