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Tumbas Sin Nombre: |
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[ Página 1 de 8 ] Entonces llamamos al forense, que ni era médico ni nada: tenía un Ford y le llamábamos “el Forense”.
Portada de Tumbas sin nombre Tumbas sin nombre no es un libro más sobre las caras de Bélmez. Los autores, Íker Jiménez y Luis Mariano Fernández (malas lenguas dicen que Jiménez ha puesto poco más que la firma en la portada), se han fijado un objetivo más ambicioso que escribir la enésima recopilación de anécdotas sobre el agotado “enigma” de las caras. Han llevado a cabo una investigación que pretende aportar datos espectaculares: la identidad de las famosas “teleplastias”. Las conclusiones, como se verá en este artículo, son absolutamente inaceptables. La aventura del nuestros “reporteros de misterios” arranca en 2003 con la “pista” que surge en Bélmez de la Moraleda, donde el hipnotizador televisivo Ricard Bru somete a la vidente Ana Castillo a una especie de regresión hipnótica “por poderes”. La médium dice “revivir” hechos de la vida de María Gómez Cámara (la famosa dueña de la casa de las caras de Bélmez), y sus “visiones” de muerte se identifican con la matanza real de familiares de María en el asedio del Santuario de la Virgen de la Cabeza durante la Guerra Civil española (en la revista Estigia tenemos esta misma historia). Sobre estos intragables indicios paranormales, los autores inician una investigación que acaba con la identificación de las caras de Bélmez con los parientes de María muertos en el asedio. Para reforzar estas conclusiones, antiguas fotografías y las “teleplastias” son contrastadas, con éxito aparente, mediante software forense y policial de identificación y bajo el supuesto asesoramiento de un experto de la policía científica.
Uno de los análisis de Tumbas sin nombre En fin, asombroso y delirante, como siempre en este tipo de publicaciones. Desde luego, aburre ya la insistencia de ciertos “misteriólogos” en desoír a estas alturas las incontables evidencias a favor del fraude en las caras de Bélmez, pero el lector agradece por lo menos la novedad (para el que quiera acercarse a una información seria y crítica sobre este falso misterio, recomiendo el número especial de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico y, sobre todo, el completísimo dossier de Bitácora Internacional). En este artículo dejaré de lado la supuesta investigación y me centraré en la que es sin duda la prueba estrella de Tumbas sin nombre: los análisis informáticos. Veremos por qué tales contrastes son absurdos sobre las imágenes de las caras, por qué además han sido realizados deficientemente, y por qué los resultados (y posiblemente los autores del libro) se ven comprometidos aún más por algunas irregularidades graves que apuntan al fraude.
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