Ovnis, Ufología

Los Hombres de Negro en Argentina

Aquella vez en Capilla del Monte (Córdoba).

El 3 de marzo de 1990, concurrí con cuatro personas más a una presunta cita de los habitantes de la ¿mítica? Ciudad Metafísica de ERKS, cercana a los faldeos del maravilloso Cerro Uritorco.

 

hombres de negro

 

Aquélla búsqueda de la entrada a una de las posibles metrópolis subterráneas de los Inmortales, fracasó. Íbamos munidos de un elemental planito provisto por una persona que decía haber ingresado a la misma.

Guías especializados del lugar nos hicieron dos interpretaciones de las posibles sendas señaladas; nos encaminamos en un principio por la ruta que nos pareció más viable. Al extraviarnos totalmente en el sector de Las Gemelas, intentamos entonces el otro camino.

Junto a Carlos Pérez, uno de mis acompañantes, buscamos el sendero que nos señaló como “el del río”. Los restantes compañeros quedaron junto a la única mujer de la expedición, que presentaba síntomas de descompostura física que le impedían continuar. Y allí nos ocurrió lo que C.P. relata así:

“...Nos encontrábamos en aquél momento exacto, bastante confundidos y desorientados. A decir verdad, desconocíamos el verdadero camino a seguir y sólo la intuición nos guiaba. Pero queríamos tentar una vez más a la suerte y decidimos continuar aún a pesar de las escasas fuerzas que nos alentaban. Recuerdo que Héctor y yo -no sé bien si por tener más energías o la inquebrantable tozudez en no abandonar la pista- nos adelantamos al resto, internándonos en un sendero que prácticamente no existe, pues consiste en una escarpada orilla de la pobre corriente de agua que caprichosamente se interna y rodea las elevaciones, salpicada de incontables piedras amontonadas que dificultaban nuestro andar.

Al concluir la senda junto al propio río, cruzando la corriente, nos hallamos de repente enfrentados a un hombre en perfectas condiciones físicas –enseguida se verá por qué menciono esta circunstancia- de unos dos metros de altura, anchas espaldas, tez y cabellos oscuros, cuya edad era difícil de determinar: Tal vez de unos 40/45 años.

Su vestimenta consistía básicamente en una especie de capa de lluvia, pantalones (ambos de una especie de cuerina color NEGRO), borceguíes del mismo tono, no pudiendo, al menos yo, distinguir qué otra prenda tenía debajo de esa suerte de impermeable suelto. Además, recuerdo portaba algo en su mano. Como venía del lugar al que creíamos debíamos ir, le solicitamos alguna orientación. Pero ya antes de nuestro saludo había empezado a hablar:

- Formo parte de un grupo de cinco personas que viene detrás, pero yo me adelanté porque me torcí un tobillo...

Otra vez –lo analizamos después- el factor incoherencia del esta fenomenología: Si hubiese tenido ese problema, no podría haberse adelantado. Además, apenas si cojeaba un poquito. Y (también lo supimos después, por lógica) al cruzarse con el segundo grupo nuestro, no mostraba anomalía alguna en su caminar...

Más o menos, su exaltado relato fue este, al señalarnos el sitio anhelado:

- Sí: Más adelante se toparán con una pared de piedra rojiza, una cascada muy linda... Cruzan el río hacia la izquierda, caminan unos cincuenta metros, y hallarán la cueva que buscan... Están a una hora y media de viaje todavía...

Continuamos, fatigados, durante más de una hora. Jamás nos encontramos con sus cinco acompañantes, no había tal cascada, ni ningún muro como el que nos describió. Decidimos entonces emprender el regreso.

Entonces nos encontramos con nuestros tres compañeros, superado el problema de la dolencia de M., nos reprocharon haber abandonado la empresa tan pronto, y ellos decidieron seguir... Unas tres horas después volvieron al punto de partida desde donde emprenderíamos el regreso a nuestras casas, tan cansados y defraudados por la mala fortuna como nosotros dos.

La demás gente (Horacio, Dante, Mónica y Héctor) dedujeron enseguida que el sujeto era uno de los famosos HDN que quiso despistarnos. Yo no podía verlo tan claramente: Más bien me había parecido un gracioso que se había divertido a sus anchas, engañándonos como a tontos alucinados por querer entrar a la fabulosa ERKS.

Mi opinión perduró con pocos cambios hasta el 27 de julio de 1991, en ocasión en que viajé a la localidad de Llavallol a entrevistar a una dama que manifestaba algunos problemas relacionados precisamente con los HDN.

Cuando le solicité me describiera un sueño (o visión) referido por ella el día que la conocí (unos dos meses antes), donde decía “ver” un lugar muy similar a aquellos aledaños serranos de Capilla del Monte (¡de dónde veía salir luces de una cueva!) cerró repentinamente sus ojos y comenzó a hablar con pausas como si estuviera en una especie de trance (debo manifestar que esta mujer es una gran psíquica):

“- Estuviste muy cerca de la entrada (se dirigía a mí, obviamente) pero no pudiste llegar porque no te dejaron... Fue un hombre...”

Entonces me quedé boquiabierto, porque estaba describiendo con lujo de detalles al hombre que nos desvió en Las Gemelas, incluyendo lo que portaba en la mano (he olvidado qué era). ¡Yo no podía dar crédito a lo que estaba oyendo! Ella, como “remate”, concluyó:

“- Ese hombre pertenece a lo que llamamos HOMBRES DE NEGRO...”

Sólo me resta asegurar que esta señora no sabía nada de nuestro viaje a aquélla zona cordobesa y el motivo por el cual fuimos...”

Fragmento del libro editado en diciembre de 1997 por Skinwalker by J. M. Ediciones, edición bilingüe, Buenos Aires, Argentina.
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