Ovnis, Ufología

¿Jean Orth está con “ellos”?

Mediados de 1993; languidece el tercer número de “Lo que Vendrá”, revista que fundé y dirigí. Mi denodado editor. Francisco Hediger, empieza a vivir circunstancias muy extrañas. Ex-sacerdote jesuita, ex-miembro de la Legión Extranjera, hombre de “mucho mundo”, (como decimos habitualmente) ve superada, sin embargo, su capacidad de asombro.

 

mensajes extraños en contestadores

 

Su contestador telefónico, n° 628... es invadido de repente por un sonido estridente que vence el track del mismo y, finalmente, el aparato “explota”, se salva la cinta del pequeño cassete de la extraña ignición que lo destruye, inexplicablemente.

El “ruido” es analizado por el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial): presenta seis ultrasonidos, los gatos huyen al oírlo. Se lo hago escuchar a un excelente colega, Oscar Mendoza, porque en su libro “OVNI, huellas y tripulantes”, Pág. 46 él ha escrito: “Las revoluciones del posible generador electrostático (de los ovnis) estarían en relación con la actividad de la nave requerida por sus tripulantes.

A veces suele escucharse un sonido como el de una rueda que roza en un punto al girar”. En la calurosa tarde del 15 de noviembre pasado en Río Cuarto, Córdoba, donde coincidimos en un congreso del CONEX, Oscar ni siquiera medita; veredicta:

- Sí: El sonido es ese, aunque suele oírse un poco más “finito”...

Empero, antes de ser destruido, ¿por una energía enviada desde la distancia?, en el contestador aparece un idioma extraño, donde algo se expresa en una frase corta. Hediger logra que un sacerdote especializado en lenguas muertas descifre el rarísimo mensaje: Son nada más que seis palabras, dichas en “un griego” que hace un milenio ya no se utiliza, y es una cita bíblica: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1,2) ¿Qué se nos habrá querido decir en forma tan elíptica? ¿Y desde dónde?

El 29 de agosto de 1970, en el estudio de Radio Amateurs que bajo la presidencia de Constantino Pslioyannis funciona en el centro de Atenas (Grecia), fueron captados misteriosos mensajes provenientes de la Antártida.

La transmisión irradiada, que según parece llegó a grabarse, duró nada menos que tres horas y fue emitida en un estilo extraño, sin parecido con ninguna lengua hablada. Y Jacques Bergier, en su notable libro “Visado para Otra Tierra”, aventura en la Pág. 150: “... cabe, pues, imaginar una ilación, una sociedad secreta invisible que se formara en el seno de la civilización de la Antártida, que continuara su obra en Egipto y en la civilización de los megalitos, y que siga funcionando aún en nuestros días”.

Peter Kolosimo (Odisea Estelar) y Gilbert Pillot (El Código secreto de la Odisea) proponen llevar el relato homérico mucho más al sur del Mediterráneo... se llega a insinuar que los troyanos que se auto excluyeron de la destrucción estarían en la Antártida, o quizá en alguna “sucursal” bien continental de la Orden...

La investigación sobre “el sur que será otra vez el Norte” (Carlos González Petcoche) nos coloca de pronto frente a un personaje extraordinario: Jean-Népomuceme Salvator de Habsburgo, hijo de Leopoldo II y de la princesa Margarita de las Dos Sicilias.

General a los 29 años de edad (había nacido el 25 de noviembre de 1852), artista, músico, ídolo político de Bosnia-Herzegovina, pudo elegir entre ser dueño de un reino en Europa o intentar cumplir una tradición familiar expresada por el mismísimo Carlos V hacía más de 400 años: “En la parte más austral de América un día levantaré el pabellón de los Habsburgo”. Y el destino le señala una fecha: 30 de enero de 1889.

En Mayerling (Austria) se suicida o es asesinado el archiduque Rodolfo, hijo único del emperador Francisco José, quien desde 1848 ocupa el trono imperial. Y a Jean Salvator se le acusa de participar en la conjura de la muerte de su primo.

Entonces redacta su testamento político, en febrero de 1889: “...ya no quiero... continuar... no quiero ser archiduque... alteza imperial... es decir un fantoche orgulloso... quiero ser un hombre... depender de mí mismo... con la completa libertad de pensar en voz alta y actuar como desee...”. Desde entonces se auto llamará JEAN ORTH.

Le prohíben permanecer en el imperio, ya que su actitud desnuda la corrupción de la nobleza; el 26 de marzo de 1890 aborda su barco de tres mástiles, el “Santa Margherita” y parte de Chatham, puerto cercano a Londres, hacia el Río de la Plata. Arriba el 19 de abril a Ensenada, y el 10 de julio leva anclas anunciando su intención de explorar la Tierra del Fuego y los alrededores del Cabo de Hornos. Nunca más se sabrá de él.

Es dado por muerto a muy avanzada edad con el nombre de Hans Kohler en Noruega. La revista “Todo es Historia” dirigida por Félix Luna publica en su número 322 (mayo, 1994) un artículo de B. Lossier Almazarán, titulado Un Archiduque desaparecido en la Patagonia, donde se narra que Jean de Liniers, biznieto de último Virrey y héroe de la Reconquista, le ubica como Fred Otter en la estancia “Cañadón Largo” de la provincia de Santa Cruz, donde fallece en el invierno de 1910, acompañado de un marino inglés de apellido Nicholson y un geólogo alemán, Sand-Jack.

Empero, hay una tercera muerte: Como Juan Guarneri en Buenos Aires, donde fallece en 1923 (“Clarín” revista, 18-05-1969, nota de Silvia Drei). Se indica que está inhumado en el cementerio británico.

Se me permite revisar el libro de ingresos de la necrópolis desde 1914 hasta 1946: El 10-12-1931 ingresaron dos féretros; uno de ellos pertenecía a Juan Guarneri, fallecido el 1° de mayo de 1923; el otro a su hijo del mismo nombre, fallecido el 10-12-1921. Provenían de la Chacarita; ahora la tumba ya no está, porque nadie obló los derechos municipales.

Julio Verne, que un día se cansa de ser rotulado como “iniciado” y “vidente”, apostrofa: “Necios: Lo único que hago es investigar la ciencia y calcular su proyección histórica”, lo convierte en el anarquista Kaw-Djer de su libro “Los náufragos de Jonathan”, porque es amigo de Luis Salvador, hermano de Jean Orth, y sabe todo... lo que va reflejando en libros como “Robur el conquistador”, donde entrelíneas describe la tecnología de los OVNIs... Además, con uno de los tres barcos propios que tuvo, el genial anticipador francés habría andado merodeando por los lugares que buscaba Jean Orth...

Y Jean Robin, miembro de los “45 compañeros secretos del Gral. De Gaulle” (un hombre que también SABÍA) nos lleva en sus libros a alguna isla desierta del archipiélago del sur de Chile, donde alguien que se llama Sigfried reúne a sus comandos en un lugar bautizado Asgärd, semestralmente, y coordina las actividades de los “misteriosos” OVNIs, asegurando la disciplina general... Allí, muy cerca, en abril de 1983, es reencontrado 33 años después el avión Avro-Lincoln B-019 de la Fuerza Aérea Argentina, desaparecido el 22 de noviembre de 1950, en las circunstancias que detallamos ampliamente en “Crónica” del 30 de octubre de 1995.

Así, el velo del más grande secreto militar y político (denominado “Fenómeno OVNI”) comienza a descorrerse... quizá JEAN ORTH, que cumplió el único requisito que exige la orden para ser admitido, perder un mundo para ganar el otro, esté disfrutando del derecho de estar con Ellos.