Esoterismo
¿Cual es la Materia de los Alquimistas?
Escrito por Sebastián Jarré
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Quizá sea la pregunta clave en alquimia antes de empezar a realizar operaciones interminables y agotar la economía de uno. Conozco muchos alquimistas que trabajan diariamente en la Gran Obra, partiendo de disímiles sustancias, generalmente tóxicas y nocivas para el organismo.
Aquellos “filósofos del fuego” están persuadidos que su materia es el antimonio o el cinabrio. Y en menor medida, otros consideran otras sustancias menos toxicas y más accesibles como el estaño, la galena, pirita, calcita o incluso arcilla roja.

Y si. No podía dejar de hacerlo. Debo confesar que durante años vengo devanándome los sesos intentando encontrar algo de cordura a las vías más famosas de los alquimistas. Estas son, la vía seca (o breve) y la vía húmeda (o larga). La vía de Crisol, y la vía del Matraz respectivamente.
Ciertamente he realizado muchas experiencias. Y creo hoy día poder encontrar algo de sentido a la alquimia.
Pero antes de empezar ningún experimento hice algo que no muchos alquimistas ponen en práctica: ejercí un duro sentido crítico de lo que buscaba. Distanciándome emocionalmente de lo que muchos propugnaban. Intentando acercarme a la realidad de lo que relatan los tratados más populares.
Y así descubrí la que para mi es la sustancia universal de la Obra. Sustancia que tiempo habrá para que me explaye en su simbología y en sus cualidades físicos/químicas.
Pues bien. Creo que es el momento que relate cómo fue mi razonamiento y qué me llevó a despreciar las demás materias y vías propuestas por los clásicos “Filósofos del Fuego”. Porque lo que voy a escribir es algo que va directamente – o casi - en contra de la corriente actual del pensamiento alquímico.
Y es que estoy persuadido que cuando uno lee un tratado alquímico, tras su descifrado y comprensión de lo que nos quieren decir crípticamente, creemos que ya tenemos la entrada franqueada a los secretos de la naturaleza.
Lo que no se ponen a reflexionar muchos es que ese secreto nunca fue dicho, y si lo fue, como veremos, por su sencillez fue despreciado. Levantar un velo alegórico o metafórico es apenas un paso en el gran misterio. Llevar a la práctica ese desciframiento es otro paso.
Darnos cuenta que todo es un engaño es el paso final para la comprensión de la Gran Obra. Porque ciertamente no hay tratado que haya dicho la verdad. Y es que el secreto que se pretende transmitir crípticamente es algo que no debería ser escrito, y que sólo puede ser visto, aunque parezca pueril o contradictorio, por un niñito.
Veamos a qué me refiero. Seguramente cuanto escriba les será complejo a muchos no avezados en las prácticas alquímicas, pero será muy reflexivo cuando menos para los hermanos alquimistas que diariamente se afanan en perseguir su Obra.

