Ronaldo

La final de Cardiff fue una exhibición a escala de lo que el Real Madrid logró durante los últimos meses de la temporada pasada. Los hombres de Zinedine Zidane, de la mano de Isco Alarcón, Marcelo Vieira y Dani Carvajal, consiguieron reproducir un sistema que valía, y de qué manera, para ese preciso momento. Su estructura demostró que no era sostenible a largo plazo, que dependía de una exuberancia rítmica, técnica y competitiva tan especial como delicada. Fue tan demoledora y visual, dando cabida a la definitiva explosión del crack malagueño, que Zidane siempre la tuvo en mente para esta temporada visto que la segunda unidad no pudo ser activada. El resultado ha sido mucho más dispar, y ha supuesto precisamente la constatación de lo particular de la propuesta lo que ha llevado al francés a mantener semana tras semana un pulso por equilibrar lo que dejaba a deber tanto el 4-3-1-2 como su posterior intento de compensación, el 4-4-2 con bandas reforzadas.
Tienda de camisetas baratas de futbol, nuevas camisetas del mundial 2018.
Así, el Real Madrid llegó a los cruces con alguna cuenta pendiente. Por un lado había recuperado el autoestima de sus mejores jugadores, los que al fin y al cabo montaban el sistema, pero por otro, le había sido muy complicado alimentar determinados planteamientos: contaba con menos recursos activados y el juego colectivo no era tan brillante ni tan efectivo como el Madrid de Isco y el de la segunda unidad. Por eso, Zidane ha tenido que alternar, entre prueba y precedente, para cerrar algunas puertas que logren poder abrir las más importantes. Todas no las pudo descerrajar, así que tuvo que ir haciendo la goma por el camino. Una muestra de ello es el papel de Cristiano Ronaldo, de cómo queda rodeado el portugués para participar y rematar. La duda es difícil de resolver porque la manta tiene unas medidas y estirada queda algo forzada. Bayern y Juventus pudieron comprobarlo.
Encuentra zapatillas y botas de fútbol baratas:Magista, Mercurial superfly, Tiempo.
De entrada, una de las claves que ha llevado a Zidane, y en esto lo del ‘huevo o la gallina’ va de la mano, es que sus laterales no han podido dar continuidad y mantener el tiempo un estado tan alto de frecuencia, intensidad, inspiración y frescura para recorrer los costados sin referencias en banda que les permitieran interpretar la llegada, tener libertad para dar forma a jugadas o profundizar con compañeros que llamen la atención. Desde ahí, Zidane buscó compensar desde lo más esencial, con dos bandas abiertas o una más fija y otra más móvil, pero con el 4-4-2. Los laterales podrían compartir algunas tareas y Ronaldo sumaría un acompañante para trazar movimientos complementarios. Esta idea tuvo su contra en la falta de confianza que sigue atravesando Karim Benzema y la limitación que, en ausencia de Casemiro, se produce para que Modric pueda acercarse al área.
Potencialmente fue una respuesta a lo que por ejemplo pasó en la vuelta de cuartos de final ante la Juventus. Allí, el Real Madrid, formando 4-3-1-2 con Isco en la mediapunta, tuvo serios problemas para darle continuidad a sus ataques y a poder lateralizar su defensa tras la pérdida.