La posición de Modric

Luka Modric llegó al Real Madrid hace ahora cinco temporadas. Aterrizado desde la vibrante Premier League, José Mourinho vislumbró en él a uno de esos centrocampistas que podía dotar a su sistema de un perfil técnico y dominante en pos de responder a las preguntas que la Liga española, y posteriormente la Champions, podrían hacerle. Entre Alonso y Özil, incluso si se quiere no atender a los nombres sino a las posiciones, Mourinho buscaba un escalón que complicara las atenciones en las que podía centrarse un planteamiento concreto y defensivo del rival. Fortaleciendo el carril central de hombres escalonados y con gusto por la pelota pero con diferente trato de la misma, lo que halló el equipo blanco no fue haber cubierto una necesidad sino estar construyendo una hegemonía.
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Y también una manera de hacer las cosas. Alonso no es Casemiro ni Kroos es Isco pero la importancia de dominar el centro del campo a través de lo que haces con la pelota pasó a ser entendido a la par por todas las partes y proyectos que se fueron construyendo desde 2010. En esa evolución que ha llevado al actual campeón de Europa a dominar el continente, Modric siempre ha estado ahí, y lo ha hecho de muchas maneras diferentes, adaptándose a las circunstancias. Eso habla de su inmenso talento y posibilidades pero también viene siendo más evidente, de lo que fue tiempo atrás, que en este momento concreto de su carrera es posible que no pueda serlo todo en un mismo colectivo. Al menos en cualquier momento de una temporada.
Creciendo en un 4-2-3-1 (2013), siendo interior de un 4-3-3 (2014), después miembro de un mismo dibujo que fijaba posición (2016) y finalmente uno que tenía mucho vuelo para profundizar (2017), el croata es ahora una pieza clave de cualquier sistema cuando atraviesa un gran estado de forma. Si no lo hace pasa por ser un futbolista incuestionable, de una seguridad y regularidad contrastadísimas, pero que necesitaría un poquito de ayuda para encontrar su mejor versión. Cuando la encuentra, como ocurrió en la primavera pasada o en la final reciente ante Gremio de Porto Alegre, el Madrid puede recordar grandes noches y reproducirlas sin dejar a deber.

De entrada, Modric equilibra los posibles déficits de un sistema concreto cuando eleva su posición, acelera el ritmo de sus movimientos sin balón y crea espacios intermedios para que la circulación fluya, las marcas del rival persigan y el balón se mueva de lado a lado. Ese Modric se hace indispensable viendo cómo se configura el sector diestro del ataque blanco, un lugar al que el propio croata y el incansable Isco atacan antes que cualquier delantero. Antaño, el Madrid que relevaba una ‘CKM’ lineal hacia una ‘BBC’ de cierta continuidad, el Modric suelto no era tan necesario, pero el sistema de Cardiff, hasta nueva orden, sí lo demanda.
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De cara al ‘Clásico’, las labores de un gran Modric, en todas las fases del juego, pero en especial la de su dinamismo posicional en campo contrario, surgen como indispensables para un hipotético dominio merengue en el Santiago Bernabéu. Si Zidane opta por dos delanteros y cuatro centrocampistas, esa posición mixta del croata, cargando verticalmente a espaldas del pivote izquierdo rival cuando Carvajalrecibe por fuera e Isco viene a recibir, es uno de esos detalles que diferencian y hacen reconocible un ritmo de juego y de posesión que se ha demostrado dominante y ganador. No obstante, hasta llegar a esas postrimerías, Modric viene siendo especialmente diferencial en los duelos ante el Barça desde su posición en campo propio y lo que sucede cuando el balón le pasa cerca o directamente es suyo.